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Mal decir

Maldita sea la hora en que me trajo sus benditas manos
Maldito sea el día en que sonrío y disparó mis ilusiones
Maldita costumbre la suya, hacerme cantar al apretar sus tetas
Maldito el consuelo que me dio esa noche en que lo necesitaba
Maldigo sus líneas, sus gruesos colmillos depositados en mí
Maldita la mañana en que desnudó sus brazos al sol
Maldita la falda que escondía un sinfín de sorpresas
Maldita la humeante confianza con que decía te extraño
Maldito color, maldito sabor, malditas afiladas expresiones del ayer
Maldita las vueltas que dimos apretando las visiones
Maldito el vidrio azul que encerraba nuestras borracheras
Malditos muslos brillantes, asfixiantes y grotescos
Maldita la canción que nos hace sentir que el mañana si existe
Maldita la sombra escondida tras su ansioso y ruin escote
Malditas transgresiones del propio orgullo
Malditos cuerpos felices por pertenecerse el uno al otro
Maldito aquel silencio que apareció tras el último grito
Maldito dolor que acompaño los últimos pasos hacia el final
Maldita felación envuelta en sangre y amor
Maldito el engaño de creer que nos necesitábamos
Maldito sexo sin humor, maldito sexo sin pasión

Maldita la hora en que se le ocurrió huir
Maldita la hora en que planeó liberarnos de este fango
Maldito el destino que nos volvió a unir
Maldito el festín que nos regalo la razón de vivir
Maldito yo, Maldita tú, Mal decir, solo Mal decir…

atte. el puerco solis, rey de los trovadores, y amo de las gorditas grasosas