Tag Archives: Mire marchante no son chinass

Que no había nada nuevo

.. y luego estos dos sacaron un conejo de la chistera, para hacer que una canción “sagrada e intocable” suene como nunca antes. O como antes de entonces, pero aun así ahora. Wynton Marsalis y Eric Clapton, nomás. Pónganle esto al lunes, para que afloje.

Después de escucharlo (y levantar mi quijada del piso) debo decir, como en los comentarios al video allá en yútub: Gracias, Carlos. Muchas gracias.

Crashing but singing

Hablando de celebrar cumpleaños, me encontré este fragmento del concierto con el que Sting festejó sus 60 hace un par de años, un dueto con Stevie Wonder que suena bastante bien para este o cualquier día.

Sting and Stevie Wonder – Fragile

O qué tal este otro, con un tal Robert Downey Jr. Sí, Iron Man.

Sting and Robert Downey Jr – Driven to tears

Ahora sí, quedó listo el jueves.

Algodón, espuma y electrón

EyL3aHay partículas suspendidas (y no hablo de la contaminación) que sedimentan ideas como levadura hidrogenada, oxígeno, malabarismos mentales sin fecha de caducidad. Brotes de generación espontánea que no colisionan sino armonizan para edificar, tras aparente Babel, nuevas historias.

Les invito a degustar una de esas letrerosas coincidencias, hoy en mi turno mensual del colectivo Escribidores y Literaturos, al borde de su aniversario.

Ala nube. Ingredientes para confección de sueños… o no.

Un poco de sol

Habrá quien se acuerde (y quien no) de un disco (LP, es decir, Lejos en el Pasado) donde tres individuos llamados Paco de Lucía, Al DiMeola y John McLaughlin asentaron una muestra de lo que el trabajo conjunto en vivo puede hacer a favor de la música y el asombro.

Aquí les comparto la versión “de estudio” de una de esas melodías. 1977, Mediterranean Sundance.

OPDÉIT: Allá en la casa de los trinos puse una versión distinta que me parece bastante meritoria, un cover de Dicke Fische, que dejo también para su disfrute.

Ahora sí, échenme el lunes.

Pupitres

El alcalde del pueblo quiso agasajar con un paseo por los jardines del templo a un funcionario visitante, quien –acostumbrado a mucha pompa y ceremonia– disimulaba mal su aburrimiento, y finalmente preguntó si era cierto que en aquel lugar vivía un monje famoso. El alcalde señaló a Lou-Sin, que junto a sus discípulos había acudido al ver la comitiva.

El funcionario aprovechó la ocasión para lanzar un discurso sobre cómo la necesidad de impartir sabiduría era pesada carga para los hombres cuyo cargo así lo exigía. Dirigiéndose a Lou-Sin, concluyó: seguramente usted entiende de eso.

El anciano meneó enfáticamente la cabeza, y el burócrata imperial, algo amoscado, preguntó: ¿No le dicen por eso “maestro”?

Entonces Lou-Sin dijo: Me dicen así porque todavía aprendo, y porque a veces soy el primero en lograrlo.