Category Archives: Explicaciones

Una buena y una mala.

Se apareció el genio y me dijo: “Aquello que me habías pedido está listo, ya terminaron la obra del segundo piso del periférico”. Uf. Escuchar eso me hizo el hombre más feliz de la tierra, o al menos de Izcalli y sus alrededores.
Brinque, flipé, lloré y cuando me iba a arrancar con el eskimbombori, me dijo: “lo único malo, es que, como no me pediste que quitara el tráfico a la bajada, pues falto eso”.

Heme aquí en la fila para incorporarme. Gracias genio.

Ni #SOPA, ni #PIPA, ni #LeyDoring, ni #AtoleConElDedo

Internet nos ha cambiado. No únicamente la manera de aprender, sino también nuestro modo de crear y compartir.

Por eso, la Red Global debe ser un espacio de libertad; no sujeto a los intereses, sino abierto a los méritos.

Las normas restrictivas como #SOPA y #PIPA en EUA, y en México #LeyDoring, así como la ley Sinde en España y la  Lleras en Colombia olvidan que, para ser eficaz, una ley debe surgir del diálogo, la participación y el análisis razonado de sus consecuencias, además de equilibrar el poder y el individuo, en vez de enfrentarlos.

Esta pocilga cree en la libertad de expresión y está en contra de la piratería. Busca el diálogo constructivo y la claridad en lugar de la violencia.
Se manifiesta en pro del sentido común, pero sobre todo, del sentido del humor.

En suma, a favor de la paz, especialmente porque –como dijimos desde el día uno– “vivir no ensucia, y si nos cae la mugre, agradecemos que sea nomás por fuera”.

Sobre todo, infórmense. Si quieren participar en la protesta global, asómense aquí. Más información en la casa de los trinos. No se asusten si aparece por ahí algún fantasma.

IgnoranceAndWant-JohnLeech_wikimediacommonsEn el reloj sonaron las once y tres cuartos.

–Perdona mi indiscreción –dijo Scrooge, mirando el manto del Espíritu– pero veo algo extraño, que no te pertenece, asomar bajo el faldón. ¿Es un pie o una garra?
–Podría ser una garra, a juzgar por la carne que la cubre –respondió con tristeza el espectro–. Mira.
Replegando la túnica hizo salir a dos criaturas escuálidas, encorvadas, temibles, espantosas, míseras, que se arrodillaron sosteniéndose de la vestidura.
–¡Mira, hombre! ¡Mira, mira aquí a tus pies!
Eran un niño y una niña. Amarillos, enjutos, harapientos, ceñudos y fieros, pero abatidos y humillados. Donde la tersura debía llenar sus jóvenes rostros con frescos tonos y matices, una mano agostada y seca, como la del tiempo, los había marchitado, desteñido y torcido. Donde debía haber ángeles se arrastraban demonios amenazadores. Ningún cambio, degradación o perversión de la humanidad, en cualquier grado o entre todos los misterios de la admirable creación, ha producido monstruos la mitad de horribles y espantosos.
Scrooge retrocedió, asustado. Por cortesía a quien se los mostraba, intentó alabarlos, pero las palabras se le atoraron en la garganta, negándose a participar en mentira tan grande.
–¡Espíritu! ¿Son hijos tuyos?– dijo apenas Scrooge.
–Son hijos de los hombres –respondió el fantasma, contemplándolos– y se refugian en mí para clamar contra sus padres. Este niño es la Ignorancia; esta niña, la Miseria. Cúidate de ambos y toda su descendencia, pero sobre todo del niño, en cuya frente está grabada la condenación, mientras no sea borrada. ¡Niégalo! –gritó el espectro, extendiendo la mano hacia la ciudad– ¡Calumnia a cuantos te lo adviertan! ¡Acéptalo sólo para tu provecho y hazlo peor! ¡Pero llegará el final!
–¿No existe alternativa? ¿Algún refugio o recurso? –gimió Scrooge–.
–¿Acaso no hay prisiones? –dijo el Espíritu, devolviéndole por última vez sus propias palabras– ¿No hay correccionales?

La campana dio las doce.”

Este texto (en traducción libre, por Ivanius) proviene del original en inglés de A Christmas Carol, o Canción de Navidad, por Charles Dickens, desde el  Proyecto Gutenberg, y la ilustración es de John Leech en la primera edición de 1843, tomada de Wikimedia Commons.

Después de este revulsivo, retomaremos la programación habitual. Estéi tuned, y gracias por su atención.

 

 

 

Pupitres

El alcalde del pueblo quiso agasajar con un paseo por los jardines del templo a un funcionario visitante, quien –acostumbrado a mucha pompa y ceremonia– disimulaba mal su aburrimiento, y finalmente preguntó si era cierto que en aquel lugar vivía un monje famoso. El alcalde señaló a Lou-Sin, que junto a sus discípulos había acudido al ver la comitiva.

El funcionario aprovechó la ocasión para lanzar un discurso sobre cómo la necesidad de impartir sabiduría era pesada carga para los hombres cuyo cargo así lo exigía. Dirigiéndose a Lou-Sin, concluyó: seguramente usted entiende de eso.

El anciano meneó enfáticamente la cabeza, y el burócrata imperial, algo amoscado, preguntó: ¿No le dicen por eso “maestro”?

Entonces Lou-Sin dijo: Me dicen así porque todavía aprendo, y porque a veces soy el primero en lograrlo.

Lecturas 2010 (II. Reencuentros y regodeos)

Cada año de lectura es distinto. Este que terminó me trajo muchas letras familiares, “viejos conocidos” que siempre transportan a épocas más simples.

Contra las “condiciones” del reto de los 50 libros, que exige que la mayoría sean nuevas páginas, en 2010 casi la tercera parte fueron relecturas, aunque hubo algún ingrediente extra. Como ejemplo, está David Copperfield, un entrañable Dickens que leí hace muchos ayeres resumido y adaptado para niños. Esta vez enfrenté su versión completa en el idioma original, y aunque me llevó más tiempo del que supuse, fue muy agradable recordar pasajes y personajes.

Algo parecido sucedió con Cuore, mejor conocido en mi tierra como Corazón, Diario de un niño, uno de los primeros libros que recuerdo haber leído. Conseguí su edición en italiano, y (sorpresa) resultó bastante fácil, sobre todo porque sus personajes e historias los conozco casi de memoria. También algo tuvieron que ver Lou-Sin y las clases de baile, pero esa es otra historia.

Julio Verne, además de presencia siempre obligada en mis relecturas, fue motivo para un grato intercambio epistolar con dos sabios y queridos amigos allende los mares en la Ciutat Comtal.

También reaparecieron, con absoluto placer, el heroico policía anarquista Gabriel Syme, de El hombre que fue Jueves, y otra novela imprescindible, Las llaves del Reino, de A.J. Cronin.

Morris West (con un libro que habla del gusto por los idiomas), Jean M. Auel (gracias a un recordatorio del LicCarpilago), Louise May Alcott (por puro ocio), Donald James (por casualidad) y Malachi Martin (por algo de morbo) completan la gran lista de los releídos, casi todos llegados a mi biblioteca para quedarse. Espero.

Pero lo mejor de todos estos reencuentros llegó al fin del verano, cuando, al hacer limpieza pre-otoñal, descubrí una caja donde había guardado algunas de las novelas que leí en mi temprana adolescencia, entre ellas las aventuras de la “Pandilla de Sherlock Holmes”, de Terrance Dicks, y las muy recomendables andanzas de la familia Larsson, escritas por Edith Unnerstad, que volví a disfrutar con voracidad y alegría.

Así concluye el recuento de la cacería de letras 2010. Ha comenzado ya la temporada 2011, así que, como dirían en ciertos barrios, “ce aseptan sujerensias”. Gracias a todos.

Lecturas 2010 (I. Exclamaciones y suspensivos)

A consecuencia de ese inconveniente llamado “vida real” (y sin remordimientos, gracias al Decálogo del Lector de Daniel Pennac, extraído de su libro Como una novela), la lista que en 2008 tuvo 90 títulos y 84 en 2009, se redujo a “apenas” 62 tres años después. Diré para equilibrar que lo escrito tanto en la pocilga como en EyL y en otros ámbitos más personales superó por mucho mis expectativas. Pero pasemos a lo que nos truje, chanchos.

La mejor recomendación del año: Niebla, de Miguel de Unamuno, que además de reivindicar —es un decir— ;-) a Diana, fue lectura transmitida “en vivo” por Twitter. No deben perdérselo (el libro).

Un regalo bienvenido: La Virgen de los Deseos, de Néstor Taboada Terán, recibido en memorable ocasión junto a un plato de sushi. Narrativa mágica, erótica, autóctona, original.

El hallazgo: Las hijas de Romualdo el Rengo, cuento del inolvidable Cri-Cri. Un libro para perseguir en librerías de viejo y ferias de remate, y conservarlo siempre.

La rareza: The Son of Porthos, libro atribuido a Dumas, pero escrito en realidad por Paul Mahalin, contribuyente a la leyenda inmortal de los mosqueteros.

De tripas, corazón: Mundo del fin del mundo, con una gran reseña escrita por Pelusa. Luis Sepúlveda sigue pareciéndome un escritor cuya producción entera es digna de leerse.

Risa bienvenida: Pura anarquía, de Woody Allen. Hay que estar habituados a este tipo de humor, no totalmente norteamericano ni totalmente digerible. Más bien humor gris oscuro, con un poco de sal.

Rescate para los vampiros: Después de la decepcionante experiencia en 2009 con los vampiros emos de Stephenie Meyer, fue refrescante (y escalofriante) descubrir la trilogía en progreso de Guillermo del Toro y Chuck Hogan. Hasta ahora, los dos primeros libros (Nocturna y Oscura) han resultado muy satisfactorios.

Ahora sí, las listas (subjetivas y en desorden, como siempre). Primero lo “bueno”:

1. Matadero Cinco, Kurt Vonnegut. Alegato lleno de ironía, humor y crudeza sobre la guerra, narrado desde la lucidez que brinda la locura. Quienes combaten suelen ser olvidados por quienes los envían a combatir… y eso vale para todo tipo de luchas, incluso las que no usan balas.

2. Estupor y temblores, Amélie Nothomb. Sátira del mundo corporativo en un país que le rinde culto extremo al organigrama. El sabor de boca es más fuerte mientras más se parezca a lo que el lector haya visto o vivido. Otra cara de Japón que no es muy grata de ver.

3. 8.8: El miedo en el espejo, Juan Villoro. El terremoto en Chile que dejó varados (entre muchos otros) a un grupo de mexicanos sirve para recordar nuestro sismo de 1985. Crónica en paralelo de solidaridad, miedos y desenfado: gozosa y agridulce lectura.

4. Mal de escuela, Daniel Pennac. La transformación que experimentan los malos alumnos gracias a los buenos maestros, y cómo entenderla y aplicarla desde dentro. Urge que alguien haga una titánica obra de misericordia y se lo explique (o traduzca o deletree) a varios dizque maestros que infestan e infectan aulas, podios, curules y presupuestos por doquier. No digo nombres, porque esta es una pocilga decente.

5. Sherlock Holmes de Baker Street, W.S. Baring-Gould. LA Biografía (con mayúsculas) del más grande detective consultor de todos los tiempos, con lo que todo fan quiso saber o se imaginaba preguntar.

6. El inventor de palabras, Gerard Donovan. Un hombre que sabe leer y cuida su biblioteca tiene un perro; algo le pasa a uno y el hombre lo resuelve, digamos, gracias a lo otro. El único defecto de esta novela es la traducción, que a veces desinfla un poco la impactante historia.

7. Manual del distraído, Alejandro Rossi. Recopilación de artículos, ensayos, reflexiones, apuntes y hasta relatos que iluminan la mente, ponen a trabajar la imaginación y hacen volar el tiempo.

8. Un día de cólera, Arturo Pérez-Reverte. En registro “latino”, podría verse como gemelo del libro de Kurt Vonnegut. También es un vistazo a lo que sucede cuando quienes tienen el poder lo emplean para oprimir… y el estallido que provocan. Narración en parte ficticia de un suceso histórico que funciona hoy como advertencia.

9. Si una mañana de verano un niño, Roberto Cotroneo. Un ensayo para explicar, sin pretensiones, algunos libros que, más allá de su condición de “clásicos”, enseñaron a un padre a disfrutar la lectura. Escrito, como dice el subtítulo, en forma de Carta a mi hijo sobre el amor a los libros.

10. Romper una canción, Benjamín Prado. Crónica de dos amigos y su viaje para escribir las letras de “Vinagre y rosas”, el más reciente CD de Joaquín Sabina. Pleitos, Praga y parrandas en un ejercicio de escritura tándem transformado en canciones a través de música, experiencias y palabras.

Los “malos” (que no lo son tanto):

1. The front, Patricia Cornwell. Bueno para el ocio absoluto pero no mucho más, sobre las tentaciones que el poder y la corrupción esconden en un “pueblo chico” convertido, por azares de la política y algún secreto, en apetitoso botín. Una historia floja, punto.

2. La muerte de Amalia Sacerdote, Andrea Camilleri. Esta novela retrata en todos sus personajes el “no veo-no oigo-no digo” que es fórmula de la corrupción. Por eso no llega a ser un escapismo literario, sino una novela negra negrísima, con absoluta economía narrativa, y quizá por eso hace sufrir al lector. Un reverso de ficción que trae a la mente el Gomorra de Roberto Saviano.

3. Gran Canaria, A.J. Cronin. Esta la leí sólo para pasar el tiempo, pero no resultó suficiente. Sin duda, los mejores personajes de este autor son los médicos y enfermeras de sus otras novelas, y el inolvidable protagonista de Las llaves del Reino, que se cuece aparte.

En esta ocasión, hubo varios libros abandonados o inconclusos, pero quiero mencionar dos: Shalimar el payaso, que no me atrapó a pesar de todos mis esfuerzos; y De A para X: una historia en cartas, lectura exigente que (digo yo) una traducción irregular hizo más complicada.

En un próximo post, y para terminar este tema… por ahora, hablaré de otro aspecto de la aventura lectora 2010 que resultó sorprendente: los reencuentros.

Letras sin escalera

Cuando era niño, al visitar a amigos, familia o vecinos, mi primer impulso (que conservo, aunque procuro disimularlo) era buscar libros. Muchas veces encontraba una enciclopedia, un diccionario algo manoseado y tres títulos recurrentes: la Biblia, El Quijote y La Divina Comedia en formato grande “con estampas de Doré”, y ocasionalmente Arreola o Ibargüengoitia, eso sí, en una repisa alta, lejos de las manos infantiles.

Ambas cosas, la escasez y la inaccesibilidad, me parecían algo extraño e inexplicable porque aunque sabía que no todos los libros eran para niños, en casa no había prohibiciones directas; más bien, la curiosidad de leer recibía amplias y oportunas sugerencias. No sólo “cuentos”, como llamábamos a las historietas, comics o tebeos, sino también novelas y relatos en versiones completas o adaptadas.

Generalmente el día de Reyes llegaba algún nuevo personaje. Así aparecieron Tom Sawyer, El Principito, D’Artagnan, Dick Sand y Enrique Bottini, junto a Astérix y toda la pandilla de Quino, entre otros.

Con el aumento de estatura física y mental pude alcanzar poco a poco otros autores y personajes de repisas e ideas más altas: Sherlock Holmes, Nils Holgersson, El Lazarillo de Tormes y el tío Tom, así como Ivanhoe y Sancho Panza. Claro que hubo tropiezos, pesadillas y disgustos, pero la abundancia de buenas letras ahogó los malos recuerdos mientras ayudaba a crear un gusto propio.

El nuevo año invita a repasar la biblioteca que, tras doce meses de visitas, reacomodos,  despojos préstamos y una que otra aportación voluntaria, queda en evidente estado de caos, favorable a la ofrenda a las musas y para hacer espacio a nuevas páginas. Por eso pronto aparecerá el recuento-reseña de chancholecturas 2010; los esperamos con todo y sugerencias para la cacería de letras en el todavía flamante 2011.

SEGUNDO AVISO PARROQUIAL

Con esta noche de Reyes llegó mi nuevo turno en Escribidores y Literaturos, Aroma de año. Asómense si gustan; allá o acá son bienvenidos.

Dímelo al oído

En alguna de mis lecturas hallé una frase de Mark Twain que se quedó conmigo sin la fuente exacta: “Si se enviara un mensaje a cada hogar diciendo ‘Huye, todo se ha descubierto’, las casas quedarían vacías”. Así es el antimurmullo, la esfera negra recibida en el comedor del Almirante Benbow. Un diagnóstico de fatalidad ante el que sólo cabe una de dos cosas: embrutecimiento o entrega.

No sé si resulte irónico solamente para mí, pero leer a un clic de distancia el elogio a la imaginación de Vargas Llosa al recibir el Nobel y las declaraciones de Julian Assange, el “antiprofeta” de Wikileaks, me han hecho mirar sobre los hombros un poco más paranoicamente que siempre. Recordé entonces uno de los principios sí escritos de este espacio: “vivir no ensucia, y si nos cae la mugre, agradecemos que sea nomás por fuera”.

En la casa de los trinos, por ejemplo, ¿qué pasaría si el torrente de mensajes directos quedara al descubierto? Alguno se cuela a veces, y nunca falta el ánimo chocarrero que inmortaliza esos despistes.

Creo que olvidamos, en este tráfago de voces, el valor de los verdaderos silencios y la confianza que se ejerce en una conversación directa. Lo que se pierde, si no lo sabemos cuidar (fácil: sólo requiere modales), no es el secretismo, sino la libertad de elegir a quién decirle lo que queremos decir.

Creo que ni siquiera la imaginación está a salvo de su locura, y que el territorio humano se vuelve más agreste a cada frase intempestiva. Por eso defiendo, más que la “cultura de la denuncia” o el “edificio de cristal”, la educación de la confidencia, el valor de lo discreto. Porque exige criterio, formación y congruencia, así como el escultor no sólo maneja el cincel, sino que tiene un plan de trabajo y una lija de agua.

Aprender a conversar con electrones, con voces o con signos es algo indispensable para convivir (vivir-con). Saber que las palabras son poderosas, y pueden ser eternas, no debe impedir que las usemos.

Aunque no sea secreto, lo que nos llega así, como en voz baja, tiene efecto contundente, casi físico. Y a veces sin el casi. No hablo del chisme, sino de ese susurro con retintín que es signo de ironía, complicidad o regocijo compartido.

Allí residen la magia y el poder de las voces al oído: en estremecer el alma de hombres y de palabras.

Sombra aquí y sombra allá

Este blog nació como los diamantes: de un montón de material oscuro y bajo presión. Aún ahora, a veces parece más lleno de cenizas que de fulgores, y más pleno de dureza que de calor. Pero se ve bien.

Todos los caminos que se han cruzado en la pocilga tienen una razón propia, principalmente decir algo, aunque no necesariamente esperado o elevado: lo que se ve, se vive o se lee, las imágenes mentales, las impresiones, lo que repele, lo que atrae, lo que pasa en la calle. Letras y miradas.

Las marcas que recuerdan la necesidad de maquillaje son huellas; a veces signo de riesgo, a veces rastro viejo de dolor. Lunares y cicatrices, que bien dispuestos o bien aderezados son solamente testigos de la vida… o rastros de la navaja inexperta.

Las páginas y las palabras son la vestimenta preferida de este espacio y sus habitantes; los abalorios y cadenas son música y comentarios, no siempre patentes, pero siempre presentes.

Por esa misma razón, el cursor y la tinta, la poesía y la prosa, más que maquillaje para las ideas, son el vehículo preferido de la imaginación, intento (casi siempre desesperado) de poner en orden a la “loca de la casa”.

En este chiquero se huye de las etiquetas, aunque sus habitantes la llevamos con orgullo, presumiendo a veces el garfio cromado y a veces el jaquet, una pata de caoba o guayacán y un listón en el tobillo derecho (para no ponerlo muy alto). El punto de partida es el blanco, suma de todas las luces, y el punto de llegada es el negro, confluencia de todos los colores. Así se arman las palabras sobre la página.

El producto no huele mal. Es verdad o mentira, pero intenta ser bien contada, para que –lejos del olor de santidad– deje por lo menos buen sabor de boca.

Todo esto para que el correr de las páginas parezca más un festival de dibujos animados que una película digna de palmas de oro. Al ponerle orégano a una taza de palomitas con mantequilla, lo importante no es sólo aprender, sino también divertirse.

Como Julio Verne, o como Phileas Fogg, aquí lo valioso no es acumular sellos en el pasaporte, sino aprendizajes y experiencias. Al movimiento del espíritu le basta un solo instante.

Así queda respondido, aunque no lo parezca, un regalo de Pelusa. Gracias a ella, y a ustedes por leer estos (y tantos otros) desvaríos.

Humores perros

Ladies and gentlemen:
Ya está aquí la segunda temporada de #cuentoalvapor
Las reglas son sencillas: el plan es que no hay plan, esto aparece  y desaparece sin decir “agua va”, a veces sin mucho orden de por medio, unas veces con tema y otras no, nadie se arde ni se engüila, cualquiera le puede entrar,  sea o no en el tuiter de su confianza, y se puede –cómo no– romper la barrera de los 140. Y en podcast. Y en ilustración. Y en lo que más se le antoje, damita y caballero.

Bienvenidos, que esto ya empezó.

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*¡Ahhh! ésa sensación…*
- …es un ejército de…

-¡Fuuuta!…

- ¡Corte! ¿qué pasa chingá? Esa escena la teníamos ya montada ayer. Además, ¡acuérdense que no tenemos tanto filme! ¡Pongan atención, carajo!… ¡Pollo!

- Perdón… Soorry…

- ¡¡POLLO!!

- Diga patrón.

- ¿Cuanto pietaje nos queda?

- Masomenos para 1:10 no más

*uuhh… Ya valió*

- ¡Mta! A ver Fernanda, ¿sale esta toma?

- No jefe. Este plano que es el corto dura 3:15 según el ensayo de ayer…

- ¡¡Aahh qué la chingada leidis!! ¡Pongan atención! ¡Pollo! ¡Carga otro rollo! ¡Media hora todos! Pero los quiero aquí, no se vayan. Y no se fuma en mi foro… ¿Okei?

Ustedes leidis, a repasar por favor. Ya casi… esta y otra y terminamos, ya chingá… Por favor ¿si?

*ta madre*
- Si Rodri, lo que tú digas.

- Va, no hay pedo… Oye güey, ¿qué pedo? ¿Te tiraste uno? No mames, no seas puerca…

*oooh qué la veee…*
- No manches, así huele por aquí.

- Sí, pendeja…

*chale ¿qué me haría daño?*
- Pues sí güey.

- ¡Ya pues! Vamos a ensayar.

- – - – - – - – elipsis mamona- – - – - – - -

- Y… ¡Acción!

- Y ¿ahora qué hacemos?

- No lo sé…

- – - – - – - -otra elipsis mamona- – - – - – - -

- ¿Ya ven chicas? se los dije. Solamente necesitábamos un poco de concentración y ya. Esa escena era larga y complicada; en fin, ya terminamos. Muchas gracias…

*siii pinche mono… ahora sí ¿verdad?*
- De nada Rodri, qué bueno que ya terminamos. Si, nos vemos en el bar…

- Va.
Ora sí güey, dime la neta. ¿Te tiraste uno o no?

*siigue esta vieja*
- ¡Que no güey!

- Ahh, ¡te caché! tú nunca dices groserías mas que cuando estás en pedos.

*que la veee…*
- ¡Que no y que no!
*¡Ahhh! ésa sensación… ¡Para que se te quite pendeja!*

-¡Fuuuuuuta! ¡ORA Sí!!