Category Archives: Corriente

Aquí cae toda la basura.

Alimentarse bien

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Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».
El desayuno, de Luis Alberto de Cuenca (1950- ), escritor y político español.

 

I Java Dream XXI

Enjoying_Coffee_Pera_Museum_2_bLo más importante es que el agua no se mueva. Hay que dejarla admitir en paz el aire y el calor. La agitación, para que obre la magia, debe ser interna.

De pronto, como siempre, la formación de burbujas, primero transparentes y luego, con el tránsito, encierros inmateriales del sabor.

Qué más da si lo de ayer fue una noticia no muy agradable; el descanso y la certera dosis de cafeína servirán para enfrentar —un instante a la vez— las consecuencias.

No sé qué tanto pueda revelar una lectura de los posos del café; por las dudas, debo enjuagar el último trago con un toque de espuma, para que nadie sepa que hoy me permití una segunda dosis. Además, eso de que en día de descanso no hay mucho qué hacer es un decir: todos los minutos tienen sesenta segundos de combate.

Por eso un exprés doble, apenas cortado, será buen bastimento de batalla.

Sonidos

para garfio y pezuña

322px-Paco_de_Lucia_in_1972A la distancia, décadas ya, probablemente sólo yo me acuerdo. En la familia había (y hay) quienes saben arrancarle a una guitarra sonidos inmateriales que tocan el alma, y en las anécdotas existe una casa donde antes que nosotros jugó y cantó un trovador legendario.

¿Cómo alcanzar seis cuerdas con cinco dedos? Ese debía ser el secreto. Peor aún: el pulgar sólo es apoyo, así que sobran cuatro: dos para estorbar, y dos que no saben posar con gracia. En suma, una pezuña.

Al otro extremo, el garfio transforma rasgueo en arañazo y caricias en llaga: un dedo quiere hacerlo todo y los demás unen su rebeldía.

Poco valieron las clases; aunque el oído era ancho la impaciencia fue mayor. La voz, por un tiempo, encontró el camino y ritmo y equilibrio ausentes en las piernas, que no sabían mecerse ni correr en armonía: una se arrastraba –pata de palo– mientras la otra quería saltar.

Captain_Hook_detail-FD_Bedford-WikimediaCommonsEn el ambiente, todo era una sinfonía líquida que no se parecía a la música de herencia pero sonaba familiar, nacida de los mismos trastes y pisadas, que no podían ser otros, pues la música, universal e imponente, conserva en toda encarnación su matemática.

Resulta que los tríos no eran solamente trova, ni la armonía estaba hecha siempre de voces bien templadas; había requinto y jazz, y también era magia.

Paco de Lucía, primero con los suyos, luego junto a McLaughlin y DiMeola, y después otra vez rodeado de “su” flamenco. Así entendí qué son las distancias, y porqué a cada quien su oficio. Con el tiempo, cierta tercera voz huyó de la garganta para anidar con un filo distinto entre las páginas.

Mientras, Paco brincaba de Algeciras a Tulum, y el acento flamenco cobró resonancias Mayas.

Paulus_Potter_-_Two_Pigs_in_a_Sty-detail_-_Google_Art_Project-WikimediaCommonsHoy se ha marchado, aunque sigo escuchándolo. Yo dejé de tocar, porque lo más mío (así lo descubrí) son las palabras. Pero mi guitarra, que ha perdido un padrino, aún conserva el oído, la voz… y la esperanza.

 

El padrino (en imagen tomada de Wikimedia Commons) es Paco de Lucía (1947-2014), de Algeciras, de la música y la playa. La pocilga cada vez pierde más música y palabras.

 

Febrero en sábado (por la noche)

Aunque en esta pocilga no somos fánses de las fechas comerciales, hay cosas de las que sí nos acordamos. En este caso, febrero nos recuerda la aparición del maestro Lou-Sin en este plano de la existencia, aunque su “debut escénico” no fue en la pocilga sino en otro foro de más saneado prestigio y palabras aladas.

Sin embargo, cierto pirata navegante decidió invitar a su maestro de solfeo, también un personaje muy querido en el chiquero, para desafinar agasajar al  ”hojomeneado” y los amigos de la granja, estén donde estén.

JEP dixit

Jose_Emilio_Pacheco

Tengo siete años. En la granja observo
por la ventana a un hombre que se persigna
y procede a matar un cerdo.
No quiero ver el espectáculo.
Casi humanos, escucho
alaridos premonitorios.
(Casi humano es, dicen los zoólogos,
el interior del cerdo inteligente,
aún más que perros y caballos.)
Criaturitas de Dios los llama mi abuela.
Hermano cerdo, hubiera dicho San Francisco.
Y ahora es el tajo y el gotear de la sangre
y soy un niño pero ya me pregunto:
¿Dios creó a los cerdos para ser devorados?
¿A quién responde: a la plegaria del cerdo
o al que se persignó para degollarlo?
Si Dios existe ¿por qué sufre este cerdo?

Bulle la carne en el aceite.
Dentro de poco
tragaré como un cerdo.

Pero no voy a persignarme en la mesa. (“Cerdo ante Dios”, del poemario Islas a la deriva)

 

El de la imagen (tomada de Wikipedia) y el poema es José Emilio Pacheco (1939-2014), mexicano y universal. El luto, de las letras y de este chiquero, que sufren la partida de un hombre bueno, un intelectual sin poses, cuando ¡ay! quedan tantos que no llegan a lo uno, pero ah, cómo presumen de lo otro. 

Que todo es así

A veces, hilvanar las palabras sale del alma. Otras veces, la trae de regreso.

EyL3aParece simple, por eso hay quienes lo llaman  la locura de hablar solo. Pero a veces, ese mismo público resulta ser el más exigente.

Pásenle, si gustan, a Escribidores y Literaturos por mi turno inaugural de este 2014.

Ajenidades. No es un monólogo, aunque me dejen hablando solo.

Mangel

Juan_Gelman_-presidenciagovar-_31JUL07A veces las palabras se me descascaran, se desgajan. Y digo más aún: se descarajan, porque ni siquiera la ríspida sílaba de eso que se llama interjección alcanza para decir lo que pienso, o lo que quiero decir. Entonces un verbo se descoyunta y es necesario pelechar un sustantivo. Pero no, nunca ¡ay! como hacía él.
 
Juan Gelman me llegó tarde. No tanto como María Elena Walsh, pero sí detrás de Benedetti, por esos vericuetos de lector que sólo otro lector (re)conoce. También gracias a “lo malo de andar siempre con las orejas puestas”, y en una imagen movediza y un bar imaginario y una historia y un personaje que, no siendo yo, querría haber inventado, con todo y gabardina. Junto a Girondo se instaló en mi santoral privado, ese que guardo en todas las encarnaciones de mis chancholibretas, no sólo en tinta, también en el fuego eléctrico.
 
Después, a sorbos, conocí su historia. Cuando encontró a su nieta, sonreí una sonrisa de enterado, como si supiera qué sentía, por creer que estar en el mismo universo me daba ese derecho solidario.
 
No pregunten si me duele. No me digan tampoco que ahí quedan sus letras, dentro y mas allá de las mil trescientas páginas de su Poesía reunida, que no se llevó consigo. Porque se las llevó, y más. Y por eso mis repisas de poesía hoy son más huérfanas.
El de la imagen (tomada de Wikipedia) es Juan Gelman (1930-2014), poeta argentino y universal. Las divagaciones y el luto, de esta pocilga.